Yo, que pertenezco a una red social tan demandada y explotada como es twitter, no he podido evitar fijarme en la cantidad de conocedores del saber y moralistas que pululan por la red. Me satisface enormemente contemplar las respetables palabras que, con pésima ortografía, escriben.
Por más que lo intento, me es imposible alcanzar la grandeza de tales usuarios malamente llamados 'tuitstars'.
Claro está, existen muchas clases de usuarios. Los hay de todos los colores.
Por ejemplo, los que se dedican a corregir las faltas de ortografía impartiendo sus conocimientos y, como buena gente que son, permitiéndonos a los demás escribir como ellos. Quizá lo que corrijan sea una tontería, una nimiedad siquiera; pero cómo no, ellos están ahí, al acecho como hienas esperando a que el animal muera.
También hay varias cuentas destinadas a escribir frases que le alegren a uno los ojos por la belleza que contienen. Estas oraciones tan personales son denominadas poe-tuits. No importa si usas una frase que ya la hayan escrito la mitad de los usuarios de twitter, no importa que escribas algo tan típico que den arcadas con sólo leerlo, porque lo que buscan es ese click que les de el retweet que tanto buscan.
Pero sin duda, los que más me agrada leer es a toda esta panda de ignorantes que creen ser discípulos de Kant y que dan lecciones de moralidad porque pueden, porque tienen libros y libros llenos de una sabiduría desconocida por el resto y que no pueden impedir sacar a la luz.
Todos persiguiendo a ciegas una fama inexistente que no puede darte la red, al menos fuera de sus barreras, porque sí, es inservible lejos de los dominios de twitter, pero aun así está tan cotizada como el pan.
Me gustaría que algún día la sociedad mirase por debajo de su hombro y a otro sitio que no fuera su ombligo, porque actualmente los habitantes de este mundo de plástico y tecnología parecen burros que sólo pueden mirar hacia adelante. No, no lo parecen.